No Free Lunch

GREEN ON RED. 1985.

Éste es uno de los discos que tuvo el privilegio de volarme la cabeza. Fue en 1985 y no recuerdo cómo ni dónde ni por qué compré la edición holandesa de este EP, pero la comunión con lo que escuché fue inmediata. Neil Young y Bob Dylan se estaban haciendo viejos y la música americana paría cachorros que venían a ocupar ese espacio ancho en el que el aullido de las guitarras y el gruñido de las voces no desdeñaba las melodías. Qué diablos, ahí había canciones de nuevo, buenas canciones, excelentes canciones que sonaban como si cuatro amigos divirtiéndose y creyendo en lo que hacían nos las trajeran hasta el bar de la esquina.

"Time ain't nothing" se convirtió ya para siempre en uno de mis himnos ese mismo día en que la aguja cayó sobre él. El primero de siete escasos cortes en un disco que sabe a poco, porque querrías que tuviera más canciones, más música que extendiera el estado de gracia que bendecía a los músicos que lo firmaban. Siete canciones como siete puñetazos que te tumban no sabes si sobre la pradera o sobre el suelo de un honky-tonk, seis de ellas propias y la otra una versión del patriarca Willie Nelson. Ninguna es mejor que la otra. Dan Stuart te lleva de una a otra sobre una sección rítmica poderosa (Jack Waterson al bajo y Alex McNicol a la batería), mientras Chuck Prophet y Chris Cacavas abren con la guitarra y piano las puertas de la diversión. 

Recomendado por Juan J. Vicedo


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Flying Dreams

COMMANDER CODY. 1978.

Éste es uno de los típicos discos que te comprabas por la portada, aunque en mi caso ya lo había escuchado en casa de un amigo mientras estudiábamos (es un decir) los parciales de febrero. Es un disco del que nunca me he desligado, y casi cuarenta años después sigue sonando igual de fresco. Un tipo peculiar, este George Frayne IV, nacido en Idaho y conocido en las tablas como el Comandante Cody, que enganchó la onda rebelde y asalvajada del country un minuto antes de que existiera, y con sus Lost Planet Airmen se dedicó a fundir todos los estilos que estaban a su alcance en la inquieta ciudad de San Francisco de finales de los 60.

Ya sin sus aviadores originales, en 1978 nos dejó en las tiendas este álbum, su segundo en solitario, en el que su voz sugerente cabalga sobre temas con mucho boogie, haciendo suyos temas que le vienen como un guante, como el "Life is a carnival" de The Band, el "Cry Baby Cry" de los Beatles, o el "Stranger in a strange land" de Leon Russell, que mezclan perfectamente con los suyos propios, como ese trotón "Thank you lone ranger" o el relajado "Dreams of Barbarella", por poner dos ejemplos. Este hombre es capaz incluso de hacer una relectura rabiosamente sureña del clásico de Joe Tex "Take the Fifth Amendmenth" y quedarse tan ancho.

Un disco para disfrutar, pero eso sí, ahí va un aviso, tened a mano una botella de cerveza o un vaso de bourbon, porque si no lo echaréis en falta.

Recomendado por Juan J. Vicedo
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