METRO. 1977.
Este disco, que conocí en las tardes de música et cétera en "Els sis i una", es una joya irrenunciable, una obra fuera de toda medida que llegó en un momento inadecuado, el año 1977, cuando el mundo musical estaba en una encrucijada en la que nadie sabía por dónde iba a encontrarse la salida. Quizá ni ellos mismos supieron encontrarla, porque las carreras de Peter Godwin, Duncan Browne y Sean Lyons se diluyeron después de su álbum de debut. Sus dos discos siguientes están a años luz de éste, y aunque Sean Lyons tentó a su compañero de piso Stewart Copeland, éste, con buen tino, prefirió seguir en Police, Peter Godwin siguió su carera en solitario decantándose por un pop blandengue de discoteca, muy al hilo de la sosería ochentera, y Duncan Browne hizo un par de cosas dignas sin ninguna repercusión antes de morir a primeros de los 90. Conclusión, que nadie recuerda haber oído hablar de Metro, y como lo busques en internet te va a salir el plano de las estaciones de Madrid.
Este disco, que conocí en las tardes de música et cétera en "Els sis i una", es una joya irrenunciable, una obra fuera de toda medida que llegó en un momento inadecuado, el año 1977, cuando el mundo musical estaba en una encrucijada en la que nadie sabía por dónde iba a encontrarse la salida. Quizá ni ellos mismos supieron encontrarla, porque las carreras de Peter Godwin, Duncan Browne y Sean Lyons se diluyeron después de su álbum de debut. Sus dos discos siguientes están a años luz de éste, y aunque Sean Lyons tentó a su compañero de piso Stewart Copeland, éste, con buen tino, prefirió seguir en Police, Peter Godwin siguió su carera en solitario decantándose por un pop blandengue de discoteca, muy al hilo de la sosería ochentera, y Duncan Browne hizo un par de cosas dignas sin ninguna repercusión antes de morir a primeros de los 90. Conclusión, que nadie recuerda haber oído hablar de Metro, y como lo busques en internet te va a salir el plano de las estaciones de Madrid.
Metro, el álbum homónimo de la banda británica, es un cocktail a base de pop elegante y sofisticado, funk aterciopelado, jazz achampañado y guitarras rockeras. Demasiadas cosas para que la mezcla salga bien, pero salió. Unos músicos excelentes y desconocidos, la voz sedosa de Godwin, dulcemente insinuante, y una producción que raya en lo perfecto, descarada y convincente, son la clave de este disco que nunca fue un éxito aunque mereció serlo.
"Criminal world", sobre la que volvería Bowie en su álbum "Let's dance", abre el fuego con esas guitarras que vienen desde lejos y dos versos que te sitúan en un escenario imprevisible: you never told me of your other faces / you were the widow of a wildcat. No es un mundo ordinario, es un mundo criminal en el que las chicas son como chicos con cara de niño. Una letra que transita de la sordidez al atractivo fatal, siempre envuelta en una textura musical fascinante, con fondos de guitarras que se contienen hasta hacerte pedir que lo que tenga que suceder suceda y entonces estallan. Eso y coros sutiles, y una línea de bajo que empieza como un latido y asciende y asciende. Criminal, ya te digo. Mucho más criminal que la versión de Bowie.
Otra pieza descomunal es "Flame", precedida de una obertura de tres minutos en la que las guitarras se entretejen sobre una base rítmica burbujeante, se desploman en el vacío, se dejan oír tenuemente y te llevan como un mar a ese tema en el que el lamento por la chica que se quemó demasiado pronto en el amor tiene ecos de aquel otro lamento de George Harrison que hacía que su guitarra llorase. Aquí también hay guitarras que lloran, y Godwin construye con su voz y con sus silencios un altar para esa chica diferente, y un espacio para que bailes muy pegadito con la tuya. Un ambiente gemelo del que en la cara B nace en "One way night", esta vez con los teclados ocupando el lugar de las guitarras.
Y como uno tiene siempre sus preferencias, la mía es "Black lace shoulder", quizá porque desde que la oí por primera vez se me quedaron clavados en el alma esos versos que dicen "I'm empty like a vision in your valleys / I'm lost in the wind & I long to come to rest... I'm lost in the night & the rain won't lead me home". Un tema en el que la guitarra solista de Lyons y el violín invitado de Graham Preskett te conducen por territorios del alma en los que puedes perderte.
Y también están "Precious", y "Paris" y "Jade", que exploran sensaciones comunes, historias de seducción y de peligro, de victoria y de rendición, el deseo de quemarse en esos labios demasiado jóvenes. Y "Mono Messiah", la pieza rápida del disco, en la que se arroja a la pira el propósito irrenunciable: alcanzar el éxito, ser la nueva sensación. No lo lograron, pero quedó para la posteridad esta obra maestra inclasificable.
Y también están "Precious", y "Paris" y "Jade", que exploran sensaciones comunes, historias de seducción y de peligro, de victoria y de rendición, el deseo de quemarse en esos labios demasiado jóvenes. Y "Mono Messiah", la pieza rápida del disco, en la que se arroja a la pira el propósito irrenunciable: alcanzar el éxito, ser la nueva sensación. No lo lograron, pero quedó para la posteridad esta obra maestra inclasificable.
Recomendado por Juan J. Vicedo
Si no puedes ver el videeo, pincha el enlace https://www.youtube.com/watch?v=3aWKKDo-fd0
