“Marked Cards” es la pieza que
abre esta colección y Fernando Beiztegui juega ciertamente con cartas marcadas.
Da la impresión de que lleva en un bolsillo la baraja, descolorida y
desgastada, con la que un día muy lejano jugó John Mayall, la del blues blanco
nacido en los pubs de la somnolienta Inglaterra. Ha empezado la partida y
Beiztegui tiene cartas ganadoras, lo ha analizado todo con su panda, los
Hammond Lovers, y junto a ellos no puede perder. Las dispone en abanico y ahí
está “Tell me”, un monólogo de su guitarra en el que reconoces el color de un
tiempo sin fin, que empezó en otro siglo y perdura. He bebido lagos y océanos,
he comido polvo y TNT, ¿qué puedo hacer, nena? Canta Beiztegui y el soliloquio
se convierte en diálogo con la respuesta electrizante de la armónica del Oso,
Antonio Travé, que aparece desde la sombra del estudio de grabación. El piano
de Alex Serrano se escucha en la esquina de la siguiente carta, “Double
Crossing”, y la música parece venir de alguna parte en el Cinturón de la
Biblia, un garito en el que el bourbon y el humo dan relieve a historias de
perdedores y adulterios. Serrano ha escrito está canción, que abruptamente da
paso a “Please Come Back Home” y el invierno y la noche aprisionan un corazón
abandonado. Suena como cuando Ava dejó a Frankie, como la tenue voz en el
silencio de las primeras horas de la mañana. Escucharla te da frío, te sientes
solo, quieres una copa y abrazarte a alguien. Beiztegui y los Hammond Lovers
han usado el comodín, la carta que liga todas las jugadas. El as de tréboles
está justo al lado y tiene escritas en el margen las palabras “Don’t Let It
Down”. Dani Levy al bajo, Cote Calmet a la batería. Escúchalos. Tiene groovie,
es funkie, te levanta de la silla, te hace bailar una secreta danza, pedirle a
la Reina Mousette que te deje entrar en su reino vudú. Esta mano va servida. O
no. Quieres ver más, hay otras cartas en el mazo. “It’s Game Over, Baby” se
llama la primera, y el piano y la guitarra se buscan y se encuentran a lo largo
de seis minutos. Otra carta. “You Mess with My Head”. Alex Serrano la ha
marcado. Es suya. Con ella vuelves a las islas británicas, solo para darte
cuenta de que no importa dónde estés, es música más negra que el chocolate, que
el alquitrán, que el rostro de un dios ancestral que sopló sobre los
pentagramas. “Cold, Cold Grave”, la última carta, la rendición. Has apostado
todo a este disco y has ganado.
Recomendado por Juan J. Vicedo
(Reseña publicada originalmente en Dirty Rock Magazine)
