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El viaje

 COPERNICUS DREAMS. 2025.


No es fácil cambiar de idioma. El lenguaje musical pide un modo de expresión concreto, las canciones tienen su propia lengua materna. Copernicus Dreams nos sorprende en su cuarto disco, el primero en español, en el que lo apuesta todo y gana. Su música, siempre reconocible, lo sigue siendo, y las palabras viven en ella como si nada hubiera cambiado. Su título, “El Viaje”, es tanto una recapitulación sobre el itinerario seguido en los últimos diez años, como también una seña distintiva de lo que exploran sus canciones de ayer y de hoy, siempre atentas a periplos vitales, a trayectos y búsquedas, canciones de carretera y de historias en movimiento.

El diablo hace acto de presencia y no lo ves venir. Es “Cruce de caminos”, declaración de intenciones con la que el disco se sitúa en los campos de algodón y los bayous, en el mito de Robert Johnson y de la reina bruja. Es Nueva Orleans y es Nashville, es la autopista 61, y el solo de guitarra divide la canción como si fuera el propio río Mississippi. El viaje ha empezado en la cuna de la música americana, suenan los metales, el riff de salida es puro rock sureño. Te mueves en círculos, vuelves a Nueva Orleans, o tal vez no habías salido de allí. Ese círculo tiene la forma de la ruleta vudú, el azar en una jugada, lo mágico, la brujería, lo que no ves venir. La voz, con su fraseo, hermana el pop con oscuras historias, y la guitarra eléctrica tiene el acento latino de la madre Abraxas. La historia es la que mil veces ha sido contada: el teléfono sonó y mi chica se fue. Resuena en tus oídos y te lleva a escenarios del pasado mientras se apaga la música. “Flotando en el espacio” habla de afrontar el propio destino, de guiones sin escribir. Es un canto a la renovación, a la vida, a un nuevo despertar, y un solo sideral de guitarra y las texturas de los teclados te hacen flotar, como flotas también, ahora en el océano, escuchando “Silencio”, una balada en la que el suelo del folk hace germinar semillas rockeras. “Tracy” es otro cruce de caminos, una historia de amor efímero de los tiempos modernos, y en ella los coros te transportan a los idilios epistolares del romanticismo, los teclados explican la historia a su manera, la voz narra los hechos: dos chavales, la distancia, un concierto de los Stones.

En la vuelta del disco, “Tocando fondo” es un motor en marcha, honky tonk, tambores que empujan la canción hacia adelante, versos desgarrados de pura esencia rock, slide y órgano que se mezclan en el final, todos los elementos químicos que hacen saltar por los aires tu tejado. El pop de esta orilla del Atlántico es luminoso en cada nota de “Llámame”. Sí, hazlo, llama, es una invitación que no puedes rechazar, la música te coge de la mano y te lleva. Una secuencia que desemboca en “Luna de Miel”, regreso a América, una canción en la que cada sílaba encuentra su sonido, desbordante de vitalidad, paisaje sonoro que corre veloz por el asfalto, visita ciudades, country que se quita las botas y se sube en un chevrolet. En el próximo cruce hay una nueva elección y un nuevo comienzo. “Desde cero otra vez” se abre con un solo de órgano que preludia la visión optimista, el cambio, la decisión de irse para seguir caminando. Los metales dan brillo a esa mirada al futuro. “Polos opuestos”, con su elegante aire jazzy, es el relato aterciopelado de la ruptura, cuando el dolor está anestesiado y te preguntas si eso era amor, El piano suena como los cubitos de hielo en un vaso de ginebra, la guitarra puntea como dedos en el cristal de la ventana por la que no volverás a mirar, los vientos cierran una historia y abren otra, son el sol del nuevo día. Es el colofón perfecto para esta colección de canciones, en las que Copernicus Dreams abre una página y reescribe otra: cinco títulos son canciones del pasado visitadas con nuevos ojos, una relectura fascinante que va mucho más allá de una simple traducción a otra lengua. Lo podrás comprobar si buscas su discografía y escuchas “You Say”, “Just Call” y “Live for Life” (de su primer disco, “Sunrise”), “The Honeymoon Song” (de “The Honeymoon”) y “Goals and Illusions” (del homónimo, su tercero) y descubres, si antes no lo habías hecho, que se trata de las nuevas canciones “Polos Opuestos”, “Llámame”, “Desde cero otra vez”, “Luna de Miel” y “Flotando en el espacio”. La imagen de este viaje es el globo que en la portada se eleva sobre el horizonte. Copernicus Dreams, sueños de Copérnico entre el cielo y la tierra.

 

COPERNICUS DREAMS son: Chus González (voz, guitarras, steel guitar); Pablo Gil Prada (teclados, coros); José Ochoa (batería, coros); Joseba Vinatea (guitarra); Kike Ibáñez (bajo, coros).

Sección de vientos: Joseba Aparicio (trompeta); Eneko Arraibi (saxo); Jurgi Iraola (trombón).

Compuesto y producido por Chus González.

Grabado por Jon Asier Zubelzu en Gaua Estudio, Fruniz, y mezclado por Toni Brunet. Masterizado por Mario García Alberni en Estudios Kadifornia, Puerto de Santa María.

Artwork: Ismael Vicedo.


Recomendado por Juan J. Vicedo

(Reseña publicada originalmente en Dirty Rock Magazine)

Goals and Illusions

 COPERNICUS DREAMS. 2021.

En tiempos de incertidumbre la receta es soñar. Chus González lo sabe, nunca se debe renunciar a los sueños. Por difícil que sea levantarse y pensar que todo va bien, por mucho que la realidad se nos imponga. “Goals and Illusions”, el tercer disco de Copernicus Dreams, la banda que lidera, es una obra radiante porque mira al futuro sin ponerse la venda en los ojos del presente, sin dejar de añorar los días que se fueron y no volverán. Son diez canciones cargadas de emoción y de luz, pero eso no es una novedad en ellos, una banda que publicó su primer álbum, de significativo título: “Sunrise”, cuando uno de sus fundadores, el bajista Luis Ruiz, acababa de fallecer. Una banda que en su segundo disco, el magnífico “The Honeymoon”, incluyó dos canciones nupciales, algo que quizá solo Bowie se había atrevido a hacer. Una banda que no le pierde la cara al destino y no abandona la ilusión. Es suficiente escuchar las primeras notas de la canción que abre el disco y le da nombre para confirmar que estamos ante un disco vitalista, en la línea de los dos anteriores. Musicalmente nada parece haber cambiado, a pesar de que la banda ha experimentado algunos cambios: nuevo guitarrista (Carlos Moreno), nuevo baterista (José Ochoa). Pero Chus González (voz y guitarras) y Pablo Gil Prada (teclados) guardan el sonido de la formación original, madurado en barrica. Maki Soto, bajista y segunda voz, es parte de esa madurez, y hay que escuchar el sutil relieve de sus coros en cada uno de los momentos en que aparecen, su voz redonda en “Matter of Time”.

 Este es un disco que revela un propósito, una voluntad de seguir adelante. ¿Dónde han ido a parar los viejos buenos tiempos? La pregunta se repite en la canción “Old Days”, y la música se antoja el recurso definitivo cuando la nostalgia acecha y el futuro perseguido nunca está cerca. ¿Tenemos que pagar por tocar?, dicen en “This Old Guitar”. Quienes hacen música al margen del circuito indie amamantado con biberones y subvenciones lo tienen difícil. Y duele escucharlo aunque lo sepamos de sobra. La resistencia tiene un límite, pero el sueño de Copérnico está vigente con ellos, bajo las estrellas, noche tras noche, como cantan en “Tonight The Stars”. Ese sueño ha hecho posible encuentros irrepetibles, como el que gestó Joserra Rodrigo en Frías en 2016, homenaje a The Band y a The Last Waltz. A él le dedican “Rocking The Rock”,  canción en la que aparece por primera vez al piano Jesús Ortiz de Zárate (Nacha Pop). En “Heartless Trouble” se suma de nuevo, junto a la violinista Clara Junguitu, para que Copernicus Dreams nos regalen una joya de optimismo en días oscuros, un aviso para no hundirnos en la zozobra. “Goals and Illusions” es un disco hermoso, construido con melodías en las que las guitarras destellan y los teclados trenzan hilos de ensoñaciones. El diseño de portada, del cántabro Maichak Tamanaco, es un paso más hacia la estratosfera.

Recomendado por Juan J. Vicedo

(Reseña publicada originalmente en Dirty Rock Magazine)


Si no puedes ver el video pincha el enlace https://www.youtube.com/watch?v=AjfTwBl95ks

The Honeymoon

COPERNICUS DREAMS. 2017.

Si con su debut, “Sunrise”, me tomé todo el tiempo del mundo antes de escribir sobre él, con esta segunda entrega me ha bastado un fin de semana para asumir que esta banda, crecida en la estela de Chus González, está en un momento de dulce madurez, se ha hecho vieja sin perder la alegría por el camino y nos ofrece momentos musicales que alimentan historias en las que la vida se viste con otros colores: los de lo íntimo, los de la reflexión al volver la vista atrás, los de la emoción, en definitiva. Éste es un disco que se te cuela por alguna rendija de tu alma y se te queda dentro, te llama desde tu interior.

Como en “Sunrise”, donde había una cierta tensión entre los dos continentes, en “The Honeymoon”, más allá de las referencias a California, Nueva York o Memphis, Tennessee, y de la elegante lap steel de Chus que te pasea por el corazón de América, la música tiene un deje agradablemente británico, sobre todo en esas guitarras que te acarician primero y te elevan después, sueños como los que soñaba George Harrison, cielos como los que habitaba Dave Gilmour, pero que no se equivoque nadie: Copernicus Dreams no suenan como otros, suenan como ellos mismos.


Quédese cada cual con su canción preferida, buenas son todas: algunas siguen su curso sin salirse de él –como las dos nupciales que abren el disco: “The wedding day” y “The honeymoon”, otras saltan sobre puentes y desfiladeros, se revuelven sin avisar –ahí “For you from you” y “Cheers to those days”-. Un latido las une, sin embargo, y parece nacer del taburete de Txan Santurde: todas las canciones se buscan, unas a otras, flotando en un mar de melodías, de voces que se pegan una a otra –imprescindible la bajista Maki Soto-, de guitarras enamoradas – bienhallado Igotz Garamendi –, teclados crepusculares –siempre Pablo Gil esparciendo colores-. Todas me gustan,  pero me quedo con “Like I do”, todavía no sé por qué.

Recomendado por Juan J. Vicedo
Si no puedes ver el video pincha el enlace https://www.youtube.com/watch?v=Ii0hAvog3C0

Sunrise

COPERNICUS DREAMS. 2015.

Me he tomado mi tiempo para recomendar este disco, quería estar seguro de que no era uno de ésos que te gustan mucho al principio y acaban por desinteresarte. Empecé a escucharlo en el spotify allá por la primavera, preparando mis oídos para lo que iba a ser "El Vals de Frías", ese gran homenaje a "The Last Waltz" en las tierras de las Merindades, y me llamó la atención porque se escapaba de la pauta común de las bandas invitadas. Sí, está claro que hay una raíz de "americana", un sustrato compartido, vamos, que no invitas a nadie a homenajear a The Band si lo que hace es power pop. Pero en el "Sunrise" de Copernicus Dreams había algo más, una deriva de armonías que no nacían en aquellas praderas, sino en otros pastos más cercanos. Y llegamos a Frías y nos los encontramos abriendo el cartel de esos tres días de música, con la incorporación de Maki Soto al bajo para suplir la falta fatal de Luis Ruiz. La prueba de sonido, escuchada apaciblemente tumbados en la hierba del patio del castillo, confirmaba esa singularidad, no reñida con que ya en concierto demostraran por qué estaban allí, precisamente en ese castillo, y, entre otras cosas, nos ofrecieran una emocionante versión de "It makes no difference" (véase en este blog http://hey-hey-my-my.blogspot.com.es/2016/07/el-vals-de-frias-copernicus-dreams_6.html.)

Llegué a casa con ganas de darle unas cuantas vueltas más al disco, ahora ya en soporte físico. Lo escuché con miedo a quemarlo: había tantas melodías cantables, tantos estribillos reconocibles, era tan fácil y tan pegadizo (ese pa-pa-pa-ra-pa-pan de "Leave for live", por ejemplo). Y decidí dejarlo reposar. Hasta que esta semana, ya camino del invierno, lo he vuelto a sacar de la funda y me sigue diciendo lo mismo, que es un disco que está ahí para quedarse. Un disco de "americana" hecho en Cantabria, que arranca con una canción impecable,("You say") lo que va a ser un recorrido delicioso que nos lleva a canciones para soñar, como "Childhood dreams", vitalistas como  "Shock the monkey to live", dedicada a Luis, el amigo que se estaba yendo y se fue, y en el que no desentonan toques que nos hacen flotar por otras atmósferas, creadas por los teclados de Pablo Gil y las guitarras de Chus González, voz y alma de este proyecto. La maravillosa "Good bye my lady" o el recorrido psicodélico de "Earth as the hell" nos recuerdan que hay otros caminos, muchos caminos en este sueño de Copérnico con nombre de amanecer.

Recomendado por Juan J. Vicedo
Si no puedes ver el video pincha el enlace https://www.youtube.com/watch?v=uyzTIILWXM8
Si no puedes ver el video pincha el enlace https://www.youtube.com/watch?v=C__z_z2dAls

El Vals de Frías: Copernicus Dreams homenajeando a The Band

Aún no se había puesto el sol y Copernicus Dreams nos pusieron los pelos de punta con sus versiones de dos temas míticos. Impasibles al fallo de sonido que se produjo en "The weight" nos dejaron un emocionante "It makes no difference".
Allí estuvo Juan J. Vicedo

Si no puedes ver el video pincha el enlace https://www.youtube.com/watch?v=xCHuWTANqeE
Y lo mismo decimos con éste https://www.youtube.com/watch?v=9S1heAELJBs

El Vals de Frías: Copernicus Dreams

Así empezó el Vals, a las ocho y media de la tarde del viernes 1 de julio de 2016.
Juan J. Vicedo estuvo allí.

Si no puedes ver el video pincha el enlace https://www.youtube.com/watch?v=f93qoEbDMlc