PAU RIBA. 1970-71.
Éramos unos críos y escuchábamos cosas muy raras. La culpa, como casi siempre, era de mi amigo Fer. En casa de los Arenas había mucha música y nosotros teníamos mucho tiempo libre. En aquellos tiempos, los últimos años 70, conocí Dioptria, el disco doble de Pau Riba, engendrado al final de la década anterior. Nada menos. Un experimento audaz de rock, folk y psicodelia en lengua catalana. Ahora, cuarenta años después, me temblaban los dedos al abrir el paquete cerrado celosa y herméticamente que me enviaba Munster, responsable de la reedición anhelada.
"Kithou", trotona y misteriosa, abre la serie de canciones del primer disco, y enlaza sin un solo segundo de silencio con la melodiosa "Rosa d'abril (l'amor s'hi posa)", a la que sucede sin pausa la emblemática "Noia de porcellana", y en todas ellas la dudosa voz de Pau Riba se apropia del guión para desgranar historias cotidianas atravesadas de metáforas y realidad a partes iguales. Le acompaña el grupo OM, con gente tan importante como Jordi Sabatés y Toti Soler, jóvenes inquietos que crean atmósferas musicales tan simples como intrincadas. Ocho canciones para dejarse llevar, con instrumentaciones perfectas y coros espaciosos (ahí está, por ejemplo, "Helena, desenganya't"), y momentos en los que alguien abre poco a poco el grifo de la incontenible desmesura: hablo de esa pieza incombustible que se llama "Ars erotica (non est mihi)" pero que preferíamos llamar "Conxita Cases", porque aunque sabíamos latín nos molaba lo vernáculo.
El segundo disco, en un giro inesperado, nos lleva a diminutas y excelsas sinfonías (tres), una canción en colores, y dos temas incomparables: "L'home estàtic", una oda al personaje desconcertado en el que se cruzan influencias de Dylan y de Syd Barrett, y "Taxista", un viaje lisérgico apenas disimulado que es casi un himno de su tiempo, el de los hippies en Formentera y las ciudades en tonos desvaídos del tardofranquismo. Pau Riba se cuece solo este segundo disco, con las ayudas de Albert Batiste, integrante del grupo Música Dispersa, y de Jaume Sisa, con quien Riba había compartido la experiencia de ser los bichos raros del colectivo Grup de Folk.
Recomendado por Juan J. Vicedo
"Ars Erotica (non est mihi)", revisitada en 2007 en directo
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