FERNANDO RUBIO & THE INNER DEMONS. 2025.
Recomendado por Juan J. Vicedo
(Reseña publicada originalmente en Dirty Rock Magazine)
FERNANDO RUBIO & THE INNER DEMONS. 2025.
Recomendado por Juan J. Vicedo
(Reseña publicada originalmente en Dirty Rock Magazine)
Juan J. Vicedo y José Pita estuvieron allí
La Autopista 61 pasa por Memphis, y por el Fillmore Huertano
FERNANDO RUBIO. 2024.
Suena el piano y ya sabes que
estás en el lugar en el que quieres estar, la playa que soñaste y no tiene
nombre, a la que solo llegas si sigues la voz de Fernando Rubio como un
encantamiento. El sonido tintineante de la guitarra puntúa los espacios y no puedes
hacer nada, solo disfrutar de melodías perfectas y la verdad en cada verso. Las
canciones que abren el disco tratan con horizontes tormentosos y escenarios en
los que la pérdida del amor es una posibilidad, heridas del alma y quebrantos
de salud, y no es cierto que no exista la cura: una vez más está en las
canciones y en ese perezoso domingo de junio en el que las cuerdas gimen.
Escucha “Lazy Sunday”, sumérgete. Cuando salgas estarás en Jamaica y tendrás
sal en los labios y reggae en las caderas. En Fernando Rubio se derraman los
dones cada vez que entra en el estudio y pone música a la vida. No tiene un
camino que le obligue y se mueve libre, entra en el lado soleado de las calles
del pop y te dice que nada ha acabado hasta que no acaba. ¿Lo dudas? Escucha
“It Ain’t Over”. La música no tiene límites, ensancha los pulmones, se desliza
por las arenas ardientes de los ritmos caribeños y por el blues de los pantanos,
donde la noche es calurosa y en algún momento lloverá. Es el momento de abrazar
a alguien, una vez más, es el momento de “Rain At Last”. Hay canciones que
alientan en el corazón de un acorde que tiembla, y otras, como “12 String
Poems”, que ascienden en la espiral sin fin de la psicodelia alucinada. Rubio
disfruta y nos hace disfrutar, se deja caer sobre las gafas de sol del Dylan
que recorría la autopista 61, rompe el aire con la cuchilla afilada de una
guitarra. Tú sabes y él sabe, “You Know, I Know” es una declaración cargada de
sonido caliente y salvífico, de teclados escurridizos y coros exultantes. Todo
cabe en un disco que no deja de ser suyo en ningún momento, porque lo guía esa
voz suya que emociona, la cadencia de las olas en su playa, esa sí, la que tú
soñaste, y la escritura sutil que te enseña lo que no debes olvidar, palabras
dichas como al oído en canciones de búsqueda y redención, de renacimiento y
esperanza. La vida sigue su curso ahí fuera, canta ya a punto de despedirse. Es
“Love Me, Love Me” y una armónica nos abandona en un espacio melancólico en el
que creemos ver alejándose hacia el horizonte la sombra alargada de Neil Young.
Pero no es él. Las huellas en la arena son las de Fernando Rubio. Y tal como su
disco anterior, “20th Century”, se cerraba con el sol poniéndose tras las
colinas, este acaba con un jubiloso anuncio: el sol volverá a brillar.
Recomendado por Juan J. Vicedo
(Reseña publicada originalmente en Dirty Rock Magazine)
Bloody Black Soul. Final de un concierto muy especial en la huerta de Elda-Petrer.
Juan J. Vicedo estuvo allí.
Si no ves el video pincha el enlace https://youtu.be/dSOCqJB7gHg
FERNANDO RUBIO. 2022.
No es tiempo de pensar, el final está cerca. Así empieza el tercer disco
de Fernando Rubio, engendrado en tiempos difíciles para todos y también para
él. Si no te fijas en la letra, la descarga chispeante y fresca que abre el
cancionero te invita a sentirte bien. Quizá no puede ser de otro modo, si tú
también crees en el poder salvífico de la música, si sientes que los males que
te acechan y la oscuridad que te rodea son solo sombras que la luz de un acorde
puede apartar de ti. “It won’t take too long” abre una ventana al espíritu y el
espíritu entra por ella. Es el principio de un viaje maravilloso en la voz de
Fernando Rubio y en la comunión con su guitarra, de la que extrae temblores
eléctricos que cruzan por todas las canciones, que te arrancan un
estremecimiento íntimo en “Let it Out”, en “Ole Hostel Inn”. Su voz siempre
templada y extrañamente cálida, ese discurrir tan suyo como viento en las
velas, crea momentos de dulce melancolía. Rubio nos pasea por un escenario en
el que la nostalgia es un recurso para embellecer el presente, para construir
un futuro en el que solo importa cada día en que estás vivo, y es bueno ver que
esa persona que te importa está ahí, que la carrera la corres porque ella la
corre también, mensaje incontestable que “Same Race” encierra en una burbuja
delicada de destellos acústicos. La vida es un blues y la compasión por uno
mismo es también gasolina para que el motor siga en marcha: “Self-Pity” está
ahí para recordarlo, con su lenta cadencia y la voz que parece nacer del
desierto, con la armónica que borra con fuego los teclados que te han hecho
entornar los ojos, olvidarte a ti mismo y sentir. Fernando Rubio sorprende
abriendo puertas que no esperas, se sube a un tren de película con Cary Grant y
Eva Marie Saint, te cuenta el argumento con la misma naturalidad con que te
hablaría del último día de playa y el agua salada en la piel, y en ese “20th
Century” en el que ellos viajaron, nos lleva hacia ningún lugar, hacia todos
los lugares. El tiempo corre y las palabras que una vez fueron reveladoras
ahora están colmadas de vacío: es “Wondering Aloud”, el ejercicio de
preguntarse en voz alta en el que, cerca del final, el disco explota en
colores, se vuelve deliciosamente pop por última vez, antes de cerrarse con el
sol que se pone tras las colinas. “Behind the Hills” es la constatación de la
realidad, la música que acompaña el preludio del sueño. Busca y encuentra Rubio
en lo cotidiano la razón para seguir adelante, rodeado de los amigos que
discretamente le arropan en el disco, pintando coros, ritmos y melodías en un
disco personal y rebosante de vitalidad, impregnado de belleza y de la
sabiduría del camino.
Recomendado por Juan J. Vicedo
Si no puedes ver el video pincha el enlace https://www.youtube.com/watch?v=Q05gFEfFP2U