FERNANDO RUBIO. 2024.
Suena el piano y ya sabes que
estás en el lugar en el que quieres estar, la playa que soñaste y no tiene
nombre, a la que solo llegas si sigues la voz de Fernando Rubio como un
encantamiento. El sonido tintineante de la guitarra puntúa los espacios y no puedes
hacer nada, solo disfrutar de melodías perfectas y la verdad en cada verso. Las
canciones que abren el disco tratan con horizontes tormentosos y escenarios en
los que la pérdida del amor es una posibilidad, heridas del alma y quebrantos
de salud, y no es cierto que no exista la cura: una vez más está en las
canciones y en ese perezoso domingo de junio en el que las cuerdas gimen.
Escucha “Lazy Sunday”, sumérgete. Cuando salgas estarás en Jamaica y tendrás
sal en los labios y reggae en las caderas. En Fernando Rubio se derraman los
dones cada vez que entra en el estudio y pone música a la vida. No tiene un
camino que le obligue y se mueve libre, entra en el lado soleado de las calles
del pop y te dice que nada ha acabado hasta que no acaba. ¿Lo dudas? Escucha
“It Ain’t Over”. La música no tiene límites, ensancha los pulmones, se desliza
por las arenas ardientes de los ritmos caribeños y por el blues de los pantanos,
donde la noche es calurosa y en algún momento lloverá. Es el momento de abrazar
a alguien, una vez más, es el momento de “Rain At Last”. Hay canciones que
alientan en el corazón de un acorde que tiembla, y otras, como “12 String
Poems”, que ascienden en la espiral sin fin de la psicodelia alucinada. Rubio
disfruta y nos hace disfrutar, se deja caer sobre las gafas de sol del Dylan
que recorría la autopista 61, rompe el aire con la cuchilla afilada de una
guitarra. Tú sabes y él sabe, “You Know, I Know” es una declaración cargada de
sonido caliente y salvífico, de teclados escurridizos y coros exultantes. Todo
cabe en un disco que no deja de ser suyo en ningún momento, porque lo guía esa
voz suya que emociona, la cadencia de las olas en su playa, esa sí, la que tú
soñaste, y la escritura sutil que te enseña lo que no debes olvidar, palabras
dichas como al oído en canciones de búsqueda y redención, de renacimiento y
esperanza. La vida sigue su curso ahí fuera, canta ya a punto de despedirse. Es
“Love Me, Love Me” y una armónica nos abandona en un espacio melancólico en el
que creemos ver alejándose hacia el horizonte la sombra alargada de Neil Young.
Pero no es él. Las huellas en la arena son las de Fernando Rubio. Y tal como su
disco anterior, “20th Century”, se cerraba con el sol poniéndose tras las
colinas, este acaba con un jubiloso anuncio: el sol volverá a brillar.
Recomendado por Juan J. Vicedo
(Reseña publicada originalmente en Dirty Rock Magazine)

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