TALKING HEADS. 1978.
En 1978, y después de haber presentado sus cartas con "Psycho killer" en su primer disco, los Talking Heads inician el camino que - no en vano eran todos estudiantes de Arte- les llevará a convertirse en algo que pocos han conseguido, convertirse ellos mismos en pop-art, algo que quedaría plenamente certificado cuando Jonathan Demme les filmó en concierto con el título "Stop making sense". Pero desde el principio, David Byrne ya apuntaba maneras. Un cruce entre Roxy Music y David Bowie, en el que, claro está, no podía faltar el toque único de Brian Eno. Y Eno aparece para aportar sus sintetizadores, teclados y guitarras y coproducir con la banda este inspirado elepé de título absolutamente genial: Más canciones sobre edificios y comida. Será la primera de las tres obras en las que el mago Eno colaborará con los neoyorquinos.
En este su segundo disco las influencias musicales pasan por la batidora y con ingredientes de pop, rock, reggae, funk, punk y cualquier cosa más que hubiera en la despensa de estos cuatro chicos, se nos sirve en el plato lo que será el puro e inimitable sonido de los Talking Heads, con una presencia de la sección rítmica que será marca de la casa, unas canciones que se bailan como no se bailan otras, y una apuesta decidida por que la música no pare que se evidencia en la sucesión casi sin pausas de los cortes del disco.
La versión que hicieron de "Take me to the river", de Al Green, les llevó a buenos puestos en las listas de éxitos, pero en realidad el disco se oye de corrido, tanto que la única pega que tenía en su momento es que nunca eras lo suficientemente rápido dándole la vuelta al vinilo como para que eso fuera posible.
Recomendado por Juan J. Vicedo
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