En la ciudad

 CALERO. 2025.


Arranca el disco en la ciudad, con sonidos que vienen de un mundo en el que ya no vivimos, con texturas funky y cadencias mediterráneas. “En la ciudad”: Se vive como se puede, pero se vive. Javier Calero ha escrito historias urbanas, narradas con la calma del observador, a veces al límite de la indolencia. “Me siento en los charcos” pide paso en las discotecas y en los disco-bares de aquellos años que se perdieron, los de una juventud que ya solo recuperamos en fotografías borrosas. Es esta una canción para amanecer, con las botellas vacías y los vasos a medias. A veces la música es paisaje, el de las “Noches de calor”, sonoridad elegante en un lienzo: sobre la voz oscura que pinta la humedad nocturna, surge otra voz, la de Carolina Driemel, que salpica calor y sensualidad. “Oferta espacial” no puede ser otra cosa que tecno, estación que se asoma en este túnel del tiempo, un andén de solapas, brillos y maquillaje, una galaxia lejana. Hay burbujeantes cuerdas y teclados cristalinos en “Hago y deshago”, una columna de música que se alza y expande con aromas jazzy: Ahora por fin mi vida es mía / cuidado, amigo / la tuya también puede ser tuya / ya. “En el barrio” es colorista, adictiva, en ella la vida sigue igual, nada ha cambiado, y en eso precisamente radica su atractivo, la autenticidad que destila la canción, su frescura. “En la playa” canta Javier Baeza: Estás aquí para olvidar / la vida complicada que has de llevar. La playa como vía de escape es solo una ilusión, porque la música y el ritmo es el mismo de la ciudad, no es una canción de playa, en Valencia no hay mar, pero el saxo de Tomás Genís crea espacios dorados donde soñarlo. “De paso”: la guitarra dibuja un lugar por descubrir y la percusión te lleva allí como el tranvía al que subiste una noche, hace ya tanto. En esta tierra nadie se queda / todos desean salir de aquí. ¿Hacia dónde? El disco, casi al final, se viste de reggae con Payoh SoulRebel, en “Las leyes de la conducta animal” desembarca una sección de metales, podrías estar en Birmingham o en la Valencia mestiza de finales de los 70. Es el momento de cerrar, “Nuestro momento”. Es un fin de fiesta chispeante (o un principio), en tu casa o en tu bar favorito, es un single para tu tocata, una canción venida del ayer para nacer hoy, para abrazarte mientras sostienes tu copa en esta noche repetida de la que no quieres salir. Canta Patti Kitten: Es nuestro momento y lo quiero aprovechar, oh sí. Y sin embargo, queda en todo el disco una impresión, la de que ese momento ya pasó, que es solo un recuerdo.

Recomendado por Juan J. Vicedo

(Reseña publicada originalmente en Dirty Rock Magazine)

Los Radiadores ¡Están vivos!

 LOS RADIADORES. 2025.

Sucedió el 19 de octubre, no hace ni un año, y ya escribí entonces sobre ese estallido salvaje que iluminó la huerta y la revelación de que la electricidad no es un adorno, es necesidad. Algo pasó esa noche que nadie quiso olvidar, astrónomos alucinados captaron la supernova, alquimistas con capucha destilaron el sonido y lo grabaron en códigos misteriosos de ceros y unos. Aquí está el resultado, el disco plateado en el que aquel sábado nace, muere y vuelve a nacer cada vez que le das a la tecla correcta. Los Radiadores celebran quince años de canciones y presentan quince canciones a todo color, plasma atómico como el que refleja la pintura de Antonio Minerba incluida como regalo en la caja. Me pidieron que escribiera unas líneas para la carpeta, y con ellas cierro el círculo que empezó una noche de otoño en el Fillmore Huertano con un atronador “Contra el asfalto”:

La prueba de sonido ha sido vista y no vista. Natural, esto es punk. Raúl Tamarit apura su birra en el bar y desaparece, porque se le ha olvidado pintarse la sombra de ojos. Menos es menos y más es más, ¡arriba las crestas! Paco Oncina, intermediario de ilusiones, me avisa: no se ha visto nada en la huerta como lo que va a suceder. Lo sé, y él sabe que lo sé, pero no digo nada, sin dejar de sonreír. Esto todavía no ha empezado y ya estoy acelerado. Quiero ser eléctrico. Estoy listo para salir volando con el primer riff, nada podrá detenerles ni detenerme cuando las guitarras se enfrenten y los cuatro arcángeles furiosos ataquen en una sola dirección. Las canciones se pisan unas a otras durante media hora frenética y veinte minutos más, rápido, rápido, rápido. No hay nada que explicar, es energía y no se crea ni se destruye ni se puede describir. Hay que estar ahí, viendo pasar a toda velocidad las vidas de otros y tal vez la tuya, narradas sin tregua entre estallidos. Todo ha terminado, pero no me voy, hay un zumbido en mi mente que me ha dejado conectado y sin poder salir. Barrenderos invisibles limpian de adrenalina el suelo de la huerta.

 LOS RADIADORES ¡ESTÁN VIVOS! EN EL FILLMORE HUERTANO. 2025. Bonavena Música. https://www.bonavenamusica.com/shop/

Recomendado por Juan J. Vicedo

(Reseña publicada originalmente en Dirty Rock Magazine)