Juan J. Vicedo estuvo allí
Un poco antes de cerrar, no podía faltar Valentina.
Juan J. Vicedo estuvo allí
Un poco antes de cerrar, no podía faltar Valentina.
CALERO. 2025.
Recomendado por Juan J. Vicedo
(Reseña publicada originalmente en Dirty Rock Magazine)
LOS RADIADORES. 2025.
Sucedió el 19 de octubre, no hace
ni un año, y ya escribí entonces sobre ese estallido salvaje que iluminó la
huerta y la revelación de que la electricidad no es un adorno, es necesidad. Algo
pasó esa noche que nadie quiso olvidar, astrónomos alucinados captaron la
supernova, alquimistas con capucha destilaron el sonido y lo grabaron en
códigos misteriosos de ceros y unos. Aquí está el resultado, el disco plateado
en el que aquel sábado nace, muere y vuelve a nacer cada vez que le das a la
tecla correcta. Los Radiadores celebran quince años de canciones y presentan
quince canciones a todo color, plasma atómico como el que refleja la pintura de
Antonio Minerba incluida como regalo en la caja. Me pidieron que escribiera
unas líneas para la carpeta, y con ellas cierro el círculo que empezó una noche
de otoño en el Fillmore Huertano con un atronador “Contra el asfalto”:
La prueba de sonido ha sido vista y no vista. Natural, esto es punk.
Raúl Tamarit apura su birra en el bar y desaparece, porque se le ha olvidado
pintarse la sombra de ojos. Menos es menos y más es más, ¡arriba las crestas!
Paco Oncina, intermediario de ilusiones, me avisa: no se ha visto nada en la
huerta como lo que va a suceder. Lo sé, y él sabe que lo sé, pero no digo nada,
sin dejar de sonreír. Esto todavía no ha empezado y ya estoy acelerado. Quiero
ser eléctrico. Estoy listo para salir volando con el primer riff, nada podrá
detenerles ni detenerme cuando las guitarras se enfrenten y los cuatro arcángeles
furiosos ataquen en una sola dirección. Las canciones se pisan unas a otras
durante media hora frenética y veinte minutos más, rápido, rápido, rápido. No
hay nada que explicar, es energía y no se crea ni se destruye ni se puede
describir. Hay que estar ahí, viendo pasar a toda velocidad las vidas de otros
y tal vez la tuya, narradas sin tregua entre estallidos. Todo ha terminado,
pero no me voy, hay un zumbido en mi mente que me ha dejado conectado y sin
poder salir. Barrenderos invisibles limpian de adrenalina el suelo de la
huerta.
Recomendado por Juan J. Vicedo
(Reseña publicada originalmente en Dirty Rock Magazine)