Guilty Pleasure

CHELSEA BOOTS. 2018.

Como están de moda las etiquetas neosoul o soul&roll nos han vendido a los Chelsea Boots con ellas puestas, y es cierto que a la primera escucha te encuentras inmerso en las acariciantes olas del soul, con esa presencia del bajo, la guitarra que chisporrotea, los teclados con sabor a iglesia y a metal y a cocina, y la voz de Santi Isla, tan matizada, tan colorista. Y te gusta, claro. Pero en las siguientes escuchas vas descubriendo matices, vas revisitando el disco y empiezan a aparecer otras luces, otros sabores y de repente es como si por tus oídos entraran un sinfín de sonidos de tu pasado, visiones caleidoscópicas de toda una vida se suceden en tu cerebro.

 Porque "Guilty Pleasure", el sorprendente álbum de debut de Chelsea Boots, tiene conexiones sutiles que les unen a la escena arty británica, a Bowie, Roxy Music o Marc Bolan; al folk con brillos metálicos de gente como Don McLean o Rodríguez; al revivalismo ochentero de Culture Club o Spandau Ballet, tan menospreciado por hortera y bailón; a los universos multicolores de Prince o Stevie Wonder. Todo eso aparece en tu cerebro y se desvanece, porque Chlesea Boots suena a Chelsea Boots y no a nada de lo que tú pudieras creer, pero en cada uno de esos instantes fugaces has percibido que en estas canciones hay mucha más música.

Haz la prueba. Pon el disco y salta del primer tema ("Dreams die on the road") al último (el bonus "Natalie"). En ellos dos se resume su credo. Ahora ya estás preparado para dejarte arrastrar por todo lo que hay en medio, piezas saltarinas como "This roof is burning", dulces remansos como "Dandelion skies", pop con mayúsculas en "Pretty Stranger", brillantes acercamientos a la música del alma como ese "River", negro como un chocolate humeante en la taza...

Y sigue oyéndolo una vez y otra, pero con prudencia o no podrás soltarte de él.

Recomendado por Juan J. Vicedo
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Cuatro finales en el VisorFest de Benidorm

Juan J. Vicedo estuvo allí

Así terminaron sus actuaciones Ash, Cat Power, Saint Etienne y The Flaming Lips.

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V

EN CASA DEL HERRERO. 2018.

Eduardo Herrero no decepciona nunca. Es más, convence siempre. En este EP su banda, En Casa del Herrero, suena más engrasada que nunca, cosa que se nota en los desarrollos instrumentales, que en esta ocasión se permiten ir más allá del mero acompañamiento de las historias que cada canción cuenta. Ahí está el magnífico 'Fight (With an Empty Gun)', un tema que, con la guía impecable de la sección rítmica, crece hasta escaparse si dejas tus ventanas bien abiertas cuando lo escuchas.

 La serie de cinco temas empieza brillantemente con 'Having an Affair', donde las guitarras te enganchan desde el principio y los teclados tan groovy no te dejan soltarte. Herrero canta con esa voz tan suya que doma las canciones y las historias y las sirve al punto. Historias cotidianas como la de 'Red Light Girl' (un "Taxi Driver" sin el elemento psicópata, la define él) o el amor juvenil de 'Having an Affair' en el que nada es como le parecía al protagonista. 'A Dream about You' es una de sus cartas marcadas, de esas que suelta en cada uno de sus discos porque siempre completan la jugada. Y 'Far from Folsom', ya lo pueden ustedes imaginar, es un homenaje a Johnny Cash (pero no solo a él, hay más citas y más guiños por ahí).

Producido con limpieza y sonoridad, sin artificio, sonando en directo y sin retoques, la quinta entrega de En Casa del Herrero confirma una excelente trayectoria de honestidad y autenticidad. Solo cuando acaba te das cuenta de que falta algo: cinco canciones más. No importa, lo puedes poner otra vez, no cansa.

Recomendado por Juan J. Vicedo


Summer Nights (IV): Eli "Paperboy" Reed

Juan J. Vicedo estuvo allí

Take my love with you. Estaba a punto de empezar el verano pero ya hacía mucho calor.
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Humitat Relativa

REMIGI PALMERO. 1979.

Inencontrable durante años y recuperado ahora de las catacumbas en una edición muy digna, éste es un disco mágico, de una naturalidad que te embelesa, lleno de texturas primorosas y de luz. Te enamora de principio a fin, desde que empieza con "Veles en la mar", con esa sensación de búsqueda y de camino que se cuela por sus rendijas ("amic m'en vaig / potser per a no tornar mai"), hasta que se despide con el hermoso regalo del compadre Bustamante ("Angelets"), en el que la música asciende hasta el infinito con esos ángeles perdidos, condenados a volar siempre.

Entre medio cose con hilo muy fino músicas que nacen de la tierra y emociones musicales, te lleva del gitaneo somnoliento de "Plens de sol de bon matí" (poema del gran Vicent Andrés Estellés) al jolgorio callejero de "Cançó de festa"; lo mismo te sumerge en el lirismo bucólico sorprendentemente tejido con jazz-rock del himno patrio que es "L'olor a garrofa", que se vuelve urbano en "Temps de pluja a la ciutat", pieza oscura y sincopada. Es intimista en "D'Anna", introspectivo en "Deixeu-me sol", y navega por esas aguas con un grupo de músicos escogidos por los dioses que incluye al baterista Tico Balanzá, a los hermanos Pepe y Luis Dougan (piano y bajo) y al imprescindible Julio Bustamante, otra de las figuras clave de la escena valenciana de aquellos años.

Déjate acariciar por el sol de primera hora, saborea un café con leche, piérdete en las ondas de "Ràdio Alger", un tema, escrito también por Bustamante, que revela un atisbo del misterio insondable de la conexión mediterránea, ese nervio submarino que une a las gentes que moran en sus costas. Porque este disco, nacido del sueño de días claros en la costa alicantina de Altea y servido con el rumor de la sangre en las arterias de la ciudad del Turia, sopló en el alma valenciana para hacerla universal.

Recomendado por Juan J. Vicedo

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Islands

ASH. 2018.

No sé por qué la gente no habla de Ash, por qué no se les menciona, por qué sus discos pasan tan desapercibidos últimamente. A mí estos norirlandeses me parecen el epítome de lo que viene entendiéndose por power pop, sus canciones son una propuesta directa sin trampa alguna ni desviación del modelo, guitarras que te llenan de electricidad las terminaciones nerviosas, melodías que te hacen sentir bien. 

Curiosamente el tiempo no pasa por ellos, en este "Islands", y en el anterior "Kablammo!" (2015) suenan igual que en su época gloriosa de los 90 y primeros de siglo, aquellas fechas en las que nos dejaron temas imperecederos como "Girl from Mars" o "Shining Light", por citar solo un par. Escuchas temas como "True Story" y "All that I Have Left" y ahí está todo otra vez, lo mismo y de la misma manera, sonando fieles a su sonido optimista y vital y a su espíritu romántico y aguerrido. "Buzzkill" está en un extremo sonoro y "Don't Need Your Love", con sus punteos de guitarra como lucecitas,  en el otro. Todo el disco es una pura gozada. Si lo escuchas un lunes por la mañana, a buen volumen, verás la ruta al trabajo con otros ojos. Si es sábado mirarás el reloj para ver si ya es la hora de la primera cerveza. 

Recomendado por Juan J. Vicedo


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The Who by Numbers

THE WHO. 1975.

En 1975, después de la descomunal tarea que supusieron "Tommy" y "Quadrophenia", The Who entregaron un disco simple e intrascendente que, miren ustedes, es al que vuelvo una y otra vez desde que lo compré en aquella edición de lanzamiento especial para el Círculo de Lectores (me gustaría saber quién estaba detrás de la política de discos del Círculo, capaz de ofrecer joyas como un disco de singles y caras B de T. Rex o éste mismo).

The Who by Numbers, independientemente del desencanto que expresan las letras de Townshend y de la desgana con que según cuentan abordaron los músicos las sesiones de grabación, es un disco fresco como una lechuga, con diez canciones redondas, ninguna de ellas sobra. Y ninguna sobrepasa los cinco minutos, cosa que fue muy de agradecer en aquellos años en que los excesos empezaban a ahogar la música, y todavía hoy se agradece cuando pinchas el disco. 

Aunque el arranque con "Slip kid" (qué tema más enérgico, qué inicio más excitante) parece que pudiera llevarnos a unos The Who explosivos (y no dejan de serlo, por ejemplo, en "Squeeze Box" o "Dreaming from the waist"), lo cierto es que la mayoría del álbum se mueve en tiempos lentos, con piezas acústicas incluso (como "Blue, red and grey", en el que Townshend suena tan íntimo como si estuviera en tu cuarto, ¿lo está?). Y es en esas piezas engañosamente dulces, como Imagine a man" y "How many friends" donde el disco crece con rabia y brío. Daltrey está soberbio de voz, como siempre, pero en este álbum la producción lo evidencia quizá más que en otros, haciendo que nos llegue clara y expresiva.

No es la obra cumbre de The Who (¡cómo iba a serlo!) pero es mi favorita, y después de ella poco más hubo. Keith Moon murió y el resto es un epílogo.

Recomendado por Juan J. Vicedo



Good Times

MANDO DIAO. 2017.

Escuchar "Break us" abriendo este disco, con su cadencia lenta y ascendente y esa voz desgarrada, es gozar con los ojos entrecerrados, imaginando la puesta de sol. Encadenarla con "All the things", un tema que es quimicamente puro en cuanto a lo que representa la banda sueca, supone despertar directamente en la noche, en medio de la fiesta, bajo las estrellas. 

La duda de qué iba a pasar en Mando Diao sin Gustav Noren se resolvió con el paso adelante de Bjorn Dixgard. Donde eran dos ahora es uno que, si no vale por dos, aguanta el tipo y da continuidad a un proyecto de pop-rock que en este disco tiene visos de funk y coqueteos con la música electrónica, afortunadamente atenuados.

 Hay temas que entroncan claramente con las fórmulas de radio negra de finales de los 70, como ese contundente "Good Times" que da título a esta entrega, cortes muy bailables como "Shake", "Money" o ese "Dancing all the way to Hell", toda una secuela de su celebérrimo "Dance with somebody". Hay de todo un poco, lo suficiente para ser un disco variado, entretenido, digno. A ratos acústico y relajado, como en la bellísima "Brother", otra que es marca de la casa, y a ratos acelerado y festivo, en su tramo final incluye también restos del naufragio de su deriva electropop con temas más que aceptables, como "One two three" y "Voices on the radio", sedosos y envolventes, para terminar con una delicada perla soul, "Without love".

Si en directo no han dejado de ser una banda que no escatima en su derroche, como pudimos ver en el Low Festival en el que presentaron "Good Times", previamente habían demostrado con él que en estudio podían seguir ofreciendo material de altura.

Recomendado por Juan J. Vicedo
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Atlas

FRANK. 2018.

"Atlas", nombre mítico donde los haya, es la tercera entrega de la excelente banda donostiarra, uno de los nombres que figuraban en aquel cartel del Vals de Frías que va camino de convertirse en legendario . Es fácil rendirse a ellos, tanto si ya los conoces como si los descubres ahora con este disco de resonancias góticas en sus títulos. La verdad es que de todas las bandas que subieron al escenario en aquel fin de semana del verano de 2016, ellos son los más oscuros, aunque no lo parezca. Y puede no parecerlo porque la voz de Sara Comerón nos engaña, luminosa, cristalina, melodiosa. Pero no se engañen, señores, esa voz tiene el poder oscuro de un hechizo, la magia oculta de un unicornio cautivo.

Empieza la primera canción, "Total Blackout", elegida también para promocionar el álbum, y es toda una declaración firmada y rubricada: como una fuerza profunda y misteriosa arranca el trío que sostiene todo el andamiaje de sonido que caracteriza a Frank, Andoni Etxebeste a la batería rompiendo el silencio, Christian Rodríguez al bajo llenándolo de oscuridad, e Iñigo Bailador cerrando el muro con su guitarra, un riff que sella todas las grietas. Y en eso llega Sara y canta con su voz dulce que llega el miedo, y para cuando traza la melodía de ese verso que pregunta a dónde han ido los viejos ángeles ya le has entregado tu corazón. "The necromancer", que como el primero, está compuesto por ella, llega tres minutos después y el lugar en el que te hallas es el mismo, ese espacio en el que confluyen ríos de aguas amigas, rock, folk, músicas verdaderas. 

Es necesario que lleguen algunas canciones en las que la música la firma Iñigo Bailador para que el muro abra ventanas por donde se cuela otra luz, ese elegante trenzado de notas de su guitarra, para que el paso de las estaciones cambie las tonalidades en "Misteries of a dream". Y tras el tributo a The Band en "These wheel's on fire", peaje pagado con desahogo, los tres últimos temas nos llevan a un estado de placidez, ya al otro lado del muro, ese lugar donde se cantan baladas y las guitarras piden calma. "Veils", la despedida acústica, es un último engaño: Sara Comerón no está sola, ellos están ahí y cuando ya no lo esperabas aparecen para demostrarlo.

Recomendado por Juan J. Vicedo

Nina Hagen Band

NINA HAGEN BAND. 1978.

Antes de que la Sra. Merkel le arrebatara ya para siempre el título, Nina Hagen fue la mayor celebridad procedente de la Alemania al otro lado del Muro. Expatriada en 1976,  tras su paso por Hamburgo se trasladó a Londres, donde conoció el efervescente momento detonado por el punk en la escena británica. No tardó mucho en volver a Alemania y formar su propia banda en Berlín. "Nina Hagen Band" es su deslumbrante carta de presentación, en la que se combinan de modo extraordinario influencias de diverso signo. Para muchos de nosotros fue la primera noticia de que se podía cantar rock en alemán.

El disco se abre con un fogoso "TV-Glotzer", subtitulado "White punks on dope", que sitúa al oyente en lo que en esencia van a ser los cuarenta minutos siguientes: descargas de rock transfronterizo servidas con una voz muy peculiar, la de una artista que parece concebir la música inseparablemente del teatro. Algo así, la representación teatral de las canciones a través de la voz, empezaba a hacer por esas fechas en Inglaterra una jovencita, Kate Bush, que publicará su primer disco sólo siete días después de éste, en febrero de 1978.  Además de eso también comparten nombre (Nina es en realidad Catharina), pero Hagen está tan próxima y a la vez tan alejada de Bush como lo pueda estar una alemana de una inglesa. 

En su disco de debut, un maravilloso caleidoscopio en el que las formas se alteran y los colores cambian para inmediatamente volver a hacerlo en un continuo coherente y seductor, hay cabida para teclados new wave manchados de tecno-punk y guitarras prog rock que coquetean con el heavy, pasajes vocales oníricos (ese alucinante "Naturträne" -Lágrima-) y versos afilados ("Rangehn" - A por ello-  o ese "Unbeschreiblich weiblich" -Toda una mujer-, que visita un terreno vocal explorado también por Patti Smith en su disco Radio Ethiopia un año antes), ritmos caribeños ("Auf'n Bahnhof Zoo" y "Heiss" -Calor- los codifican en lengua germánica) y atisbos góticos ("Auf'n Friedhof" -En el cementerio-, la pieza más larga y oscura del álbum). Incluso a veces te da la sensación de que por todas las rendijas se ha colado la marea eurodisco que recorría el continente precisamente desde Alemania. Cuarenta minutos daban para mucho si se los dejabas a Nina Hagen. Ahí van dos muestras.

Recomendado por Juan J. Vicedo


Stormy Mondays en el Café Berlín

Juan J. Vicedo estuvo allí

Imagina que eres astronauta y todos estos tipos aparecen en la estación espacial para despertarte.
Si no captas bien la señal pincha el enlace con Houston https://www.youtube.com/watch?v=wLTv_SsqZl8&feature=youtu.be

This side of Paradise

RIC OCASEK. 1986.

En los 80 queríamos pop. Y en España con tanto o más motivo que en el resto del mundo. La ola nos había llegado y nos habíamos montado en ella, dejando atrás años de oscuridad, de ruptura social, de canciones con mensaje y rock combativo. Los dinosaurios de todo tipo eran demasiado pesados para nosotros y ya no queríamos canciones que nos hicieran soñar, queríamos simplemente canciones. Bendito pop de los 80 para los que entonces teníamos veintitantos. Música para consumir, música para olvidar. Tantos nombres, tantas bandas, que entonces nos parecían efímeras.

Ric Ocasek, ese tipo delgaducho y desgarbado, nos trajo docenas de canciones con su voz tranquila, sedosa, oscura, misteriosa a veces. Primero con The Cars, y después también en solitario. En 1986, cuando el viento musical estaba empezando a cambiar otra vez, dejó caer "This side of Paradise", un álbum que transita por la peligrosa línea que separa lo sublime de lo intrascendente. Cuando arranca el primer tema, un recitado suave y una textura atmosférica te hacen pensar en la posibilidad de lo sublime; diez minutos después te has dado un baño de teclados cortesía de Greg Hawkes y piensas que tal vez esto sea solo un disco de The Cars facturado a nombre de su cantante. Y es que "Keep on laughin'", "True to you" y "Emotion in motion" bien podrían estar en un disco de The Cars. Pop excelente, pegadizo, con ese toque sutil y elegante tan de ellos, tan de él.

Pero hay algo más ahí, agazapado bajo las percusiones ochenteras y los sintetizadores: Steve Stevens anda dando guitarrazos por el fondo y entonces sí, Ric Ocasek ha vuelto a dar en el clavo, nos ha vuelto a conducir inadvertidamente a través de las bombillitas de colores hasta ese lugar oscuro donde habita el nervio de la música. Y por ahí te encuentras incluso con Tom Verlaine.

Recomendado por Juan J. Vicedo
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A single man

ELTON JOHN. 1978.

Llegué de un modo extraño a este álbum, el primero en el que las letras no eran de Bernie Taupin. Fue por uno de esos insospechados y maravillosos errores de fabricación: un ejemplar de "Crisis, what crisis?" de Supertramp que me dejó el vecino de enfrente, tenía impresa en la cara B la correspondiente al disco de Elton John. Así, con la etiqueta y todo. Y si aquellos temas de Hodgson y Davies me habían parecido majestuosos, los de Elton estaban al mismo nivel.  Como era previsible me grabé una cinta y cuando junté dinero me compré los dos.

Ahí está la cosa, en la dichosa cara B. Nunca pongas este disco por la cara A, es una pérdida de tiempo. O al menos eso creo: desde que empieza con "Shine on through", una de tantas baladas de su autor, hasta que acaba con una excedida de minutos"It ain't gonna be easy", nada aporta a la discografía de Elton John. Ni frío ni calor. No es malo ni bueno. Si la cara B fuera igual que ésta hace muchos años que me habría desecho del disco, posiblemente la semana siguiente a haberlo comprado. Pero al darle la vuelta todo cambia.

"Part time love" es una pieza regocijante en la que el piano te pide que te levantes de tu silla, "Georgia" es uno de esos fabulosos medios tiempos de Elton (con las voces de su equipo de fútbol, el Watford, y del coro de señoritas de la calle Audley Sur, ahí queda eso), "Shooting Star" es -esta sí- una de las baladas exquisitas marca de la casa, y "Madness", lo dice el título, una locura, un frenesí, un delirio. Para acabar, "Song for Guy", uno de esos tributos fúnebres, en este caso dedicado al chico de los recados, al estilo del "Funeral for a friend" de unos años antes. Qué más da, entonces, que la primera cara no te diga nada, ya te lo dije, no la pongas, parece como si este disco estuviera pensado para que hagas eso. 

Recomendado por Juan J. Vicedo


A case of the shakes

DR. FEELGOOD.1980.

Cuando en 1980 Dr. Feelgood publicó este disco andaban claramente de bajada, tres años después de que las desavenencias con el cantante Lee Brillaux provocaran la salida del guitarrista Wilko Johnson. Tras la cota máxima que supuso el directo "Stupidity", que condensaba toda la energía de su primera etapa, los de Essex fueron perdiendo fuelle y popularidad. A Wilko Johnson tampoco le fueron mejor las cosas. Pero al fin y al cabo eran una banda de pub rock, quizá la mejor que nunca ha dado el Reino Unido, y las batallas en las que se curtían eran ésas.

Y en eso llegó Nick Lowe, que por aquellos años hizo una labor como productor impagable, y les moldeó este "A case of the shakes" que, sin perder ni un ápice de lo que Dr. Feelgod habían sido, eran y querían ser, tenía una pátina "new wave" que hacía que entrara como la seda para revolucionarte durante una intensa media hora. Desde que suena "Jumping from love to love", en una secuencia vertiginosa en la que le siguen "Going some place else" y "Best in the world", coges pista y con la breve pausa llamada "Violent love" -de vez en cuando, recordemos, hay un tema lento-, ya no vas a parar hasta el final. 

 No en vano en la portada se definía como "Perfect for parties" (a más de uno me lo llevé) y era totalmente cierto si tu concepto de fiesta se acercaba a esas anfetamínicas reuniones en espacios más o menos pequeños llamados "piso de mi amigo tal". Una última oportunidad, porque estaban a punto de llamar a la puerta gente como Duran Duran, Culture Club o Spandau Ballet, con los que las cosas y las fiestas ya no serían lo mismo.

Recomendado por Juan J. Vicedo