Atlas

FRANK. 2018.

"Atlas", nombre mítico donde los haya, es la tercera entrega de la excelente banda donostiarra, uno de los nombres que figuraban en aquel cartel del Vals de Frías que va camino de convertirse en legendario . Es fácil rendirse a ellos, tanto si ya los conoces como si los descubres ahora con este disco de resonancias góticas en sus títulos. La verdad es que de todas las bandas que subieron al escenario en aquel fin de semana del verano de 2016, ellos son los más oscuros, aunque no lo parezca. Y puede no parecerlo porque la voz de Sara Comerón nos engaña, luminosa, cristalina, melodiosa. Pero no se engañen, señores, esa voz tiene el poder oscuro de un hechizo, la magia oculta de un unicornio cautivo.

Empieza la primera canción, "Total Blackout", elegida también para promocionar el álbum, y es toda una declaración firmada y rubricada: como una fuerza profunda y misteriosa arranca el trío que sostiene todo el andamiaje de sonido que caracteriza a Frank, Andoni Etxebeste a la batería rompiendo el silencio, Christian Rodríguez al bajo llenándolo de oscuridad, e Iñigo Bailador cerrando el muro con su guitarra, un riff que sella todas las grietas. Y en eso llega Sara y canta con su voz dulce que llega el miedo, y para cuando traza la melodía de ese verso que pregunta a dónde han ido los viejos ángeles ya le has entregado tu corazón. "The necromancer", que como el primero, está compuesto por ella, llega tres minutos después y el lugar en el que te hallas es el mismo, ese espacio en el que confluyen ríos de aguas amigas, rock, folk, músicas verdaderas. 

Es necesario que lleguen algunas canciones en las que la música la firma Iñigo Bailador para que el muro abra ventanas por donde se cuela otra luz, ese elegante trenzado de notas de su guitarra, para que el paso de las estaciones cambie las tonalidades en "Misteries of a dream". Y tras el tributo a The Band en "These wheel's on fire", peaje pagado con desahogo, los tres últimos temas nos llevan a un estado de placidez, ya al otro lado del muro, ese lugar donde se cantan baladas y las guitarras piden calma. "Veils", la despedida acústica, es un último engaño: Sara Comerón no está sola, ellos están ahí y cuando ya no lo esperabas aparecen para demostrarlo.

Recomendado por Juan J. Vicedo

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