Sorbos de electricidad

 LOS RADIADORES. 2024.


¿Te encuentras abatido, el cielo está nublado, no sabes qué puede ir peor? Date unos sorbos de electricidad con Los Radiadores. ¿Estás exultante, te comes el mundo, el sol sale también de noche? La respuesta es la misma. Los Radiadores no fallan, en cada entrega te pasan una píldora que calma tus ansiedades y te lanza como un cohete hacia el lugar donde quieres estar. Cada disco y cada canción. No necesitan más de tres minutos y van a ras de suelo. Moriré más por ti es un aldabonazo que llama a quien escucha, rendición de pleitesía a su majestad el riff, un himno hiperbólico. Estamos en los años 70 del siglo que se fue. ¿Estuviste allí y no lo recuerdas? Entonces no estuviste, ya sabes. Es posible que te reenganches sin salir de casa, este disco es para ti. La vida es demasiado corta para que pierdas el tiempo con cajas de bombones sin azúcar, vinos sin alcohol, cigarrillos sin mandanga.

Los Radiadores te hablan de la vida, del amor, de los temas universales que antes que ellos tocaron Shakespeare y los Beatles y algunos predicadores del Medio Oeste. La misma canción, la chica no volverá, y si le busca no le encontrará, doo-doo-doo-wop. La verdad, digo yo, está en uno mismo y la música es su transmisor, por eso cuando un tipo como Raúl Tamarit canta He visto cosas que no podrás creer, las creas o no el estribillo es tuyo desde la primera frase, lo repites con él subido a una tarima que no existe, a una barra de bar imaginaria. Puede ser la del King Creole, el bar en el que los recuerdos vuelven. Han vuelto a llamar. Una tras otra, nueve canciones sin etiquetas, el rock es la brújula que ayuda a navegar, aunque este sea un tiempo nuevo y tenemos que admitirlo: Ya no somos jóvenes. Escúchalas si quieres y si no simplemente báilalas, son pedazos de un pasado que ya vivimos y que no se ha ido. Hay una fiesta en tu habitación, muévete, es tu oportunidad, hace mucho que no quedan héroes, nos cuentan que desaparecieron porque nadie escuchaba sus melodías. No hay héroes, tan cierto como que en Fort Yukon todos los renos murieron. Los Radiadores son simplemente una banda de rock and roll, un sueño cumplido. Rápido, sumérgete en el sonido que te empuja hacia el final, enchufa a tu cabeza ese bajo que suena con el último sorbo de electricidad. Ya no te importa si el cielo tiene nubes, ¿verdad?

Recomendado por Juan J. Vicedo

(Reseña publicada originalmente en Dirty Rock Magazine)

Si no puedes ver el video, pincha el enlace https://www.youtube.com/watch?v=8wd5Ra26Udg

An Index of Metals

REMI CARRERES. JUAN ANGEL GÓMEZ. 2024.

En estos tiempos que corren, y con la gente entretenida en otras músicas, los nombres de Brian Eno y Robert Fripp sugieren un mundo paralelo en el que ya casi nadie habita y al que pocos viajan. Remi Carreres, obstinado en jugar con los sonidos de ese mundo que ha hecho también suyo, se ha juntado con otro veterano, Juan Ángel Gómez, para regresar a un período tan lejano como una galaxia, la segunda mitad de la década de los 70, desenterrar tres álbumes cruciales y reinterpretarlos.

Fue en 1975 cuando Eno, barajando sus cartas de estrategias oblicuas, creó “Another Green World”, un espacio personal, minimalista y extraño, que señalaba una nueva dirección. Música para salirse del camino. “Evening Star”, su colaboración con Fripp, vio la luz casi al mismo tiempo, emisiones drónicas y cintas de loops, viajes a lo desconocido. En esas aventuras experimentales y en “Music for Films”, publicada por Eno tres años más tarde, se detiene “An Index of Metals”, la reinterpretación que un valenciano y un alicantino hacen de la obra de los dos brujos ingleses. Osadía que se agradece, porque no son de esperar hoy propuestas como esta, dirigidas a un público menos que minoritario.

Hay que saberse la lección dormido para alumbrar una obra así. Carreres y Gómez viajan a oscuras por el universo de Fripp y Eno, se reconocen en él y le dan forma con la misma libertad con que sus creadores lo concibieron. La experimentación no es algo que se guarde en un cofre para que permanezca inmutable, carece de sentido si no se sigue experimentando, viendo cómo la materia se degrada ante tus ojos y se reconstruye. Remi Carreres y Juan Ángel Gómez encuentran texturas diferentes, variaciones sutiles, profundizando en los sonidos industriales, ralentizando el paso del tiempo. A veces los sonidos surgen de la tiniebla, a veces la búsqueda llega más lejos y encuentra matices y colores que no están en las grabaciones originales. Se abren puertas que estaban entornadas, se ofrecen nuevas perspectivas del abismo y visiones diferentes de la luz. EnoCarreresFrippGómezNoPussyFooting. Seis piezas cortas: M386 – The Big Ship – Zawinul/Lava – Patrolling Wire Borders – Two Rapid Formations – Wind on Wind. Después, An Index of Metals, la absorción en el tiempo infinito, la espiral, el no retorno. Esto es un baño de sensaciones, un estanque oculto en el que quizá un día muy antiguo te sumergiste, y es bueno volver a él, dejarte llevar, cruzar fronteras de la mente, en las notas misteriosas de la guitarra de Juan Ángel, en los pasajes hipnóticos que dibuja Remi.

El CD se puede encontrar en Discos Amsterdam (Valencia) y Naranja y Negro (Alicante), o pidiéndolo a draculias@protonmail.com


Recomendado por Juan J. Vicedo

(Reseña publicada originalmente en Dirty Rock Magazine)

Chameleons

 PAUL ZINNARD. 2023.


Tres es el número sobre el que se construye el universo, el que determina el plano y la circunferencia, encierra en sí mismo el equilibrio y es la guía invisible a lo trascendente. Paul Zinnard anuncia con su nuevo disco, “Chameleons”, el cierre de la trilogía que inició con “Trance” y continuó con “Formula H”.

Mencionar en la música pop la existencia de una trilogía es volver la vista a la perfección en un corto lapso de tiempo, es recordar los discos mercuriales de Bob Dylan y la etapa berlinesa de David Bowie, dos ejemplos sin los que no es posible entender la música contemporánea. Decir de tu propia obra que contiene una trilogía es tratar con lo absoluto, estar cierto de que has dado ese paso al que la intuición te ha llevado. Para nosotros, los receptores de ese mundo personal, exige ser conscientes del regalo que recibimos.

Crees que ganaste pero has perdido. Con esos versos inapelables, demoledores, arranca el álbum, en un clima repetitivo, cerrado, y peligrosamente adictivo. Paul Zinnard crea adicción, siempre. Es “So Fine”, un estado personal que contradice el título, y desemboca con cadencia pesada, oscura, en “Singing”, armada sobre un bajo sombrío, melodías que abren cielos, y un piano luminoso. El fraseo con que canta Zinnard te dice la verdad, y el silbido que oyes es el del caminante. Buscar y no encontrar. Cuando piensas que tienes el azul perfecto te dicen que lo quieren rojo. No importa, estás en el camino, cantando. Y la canción se pierde a lo lejos.

Hay historias que pudieron ser y no fueron. “I Was the King” narra una de ellas, y la segunda voz es el misterioso contrapunto de lo real. El ritmo ahora es urgente. En “Freedom Is Fine” la música chispea, con Patricia DeVelasco y su guitarra sultana del swing, y el piano de Willie B. Planas, que aparece y desaparece en las dos caras de la luna en las que se convierte la canción. Como el amor, como la sangre. “I Give My Life” es la confesión del músico vulnerable, desnudo ante su público, al que se ofrece. Quiero tocaros a todos. Quiero entregaros mi vida. Podría ser Ziggy Stardust. Los primeros versos se mecen en un espacio de belleza serena, que ilustra la sorprendente capacidad de Paul Zinnard para acunarte sin que sientas más que levemente el dramatismo del mensaje. Pero está ahí. Como estaba en “Into Your Room”, que abría la trilogía. En “Straighter Road” estamos con él todavía en el camino, y la canción, con su brillo, nos transporta y nos deja en la orilla misma de la inmensidad, la que él o cualquiera de nosotros puede sentir caminando por la luna, metáfora de mundos interiores que los sabios y los críticos no alcanzan a comprender.

Posiblemente la soledad del universo suene así, con esos coros sutiles y esa distancia, con ese tempo. “I Used to Have My Way” nos saca de la escena lunar bailando, aunque sea para hablar de miedo y lágrimas, de promesas rotas. Es el Zinnard que te sacude la ceniza y te lleva de bares, con los amigos y la noche. Sabe cómo hacerte mover el cuerpo y el alma a la vez. “Everybody Passed Me By”, todo lo que pregunto es qué puedes darme. Sientes la voz de quien lo canta, la mano de quien lo ha escrito, jirones de piel en las palabras, y en la música ecos de otros que también te hablaron un día, el rubio de Florida, el chico de New Jersey. Nueve canciones. Falta una. “Beautiful Words” es Zinnard en estado puro, ascendiendo en círculos, dylaniana, eterna. Sha-la-la-la. Fin de la trilogía. El camaleón ha mostrado su piel verdadera, nos ha advertido el músico, el poeta. Ese camaleón, que responde al nombre de Carlos Oliver, nos ha dejado entrar en su mundo y en él hemos encontrado mensajes en botellas que tal vez no sepamos leer, pero es imposible ser inmune a su música sublime.

CHAMELEONS. Estudio Uno Records. 2023. Paul Zinnard: Voz, guitarra acústica y bajo. Patricia DeVelasco: guitarra eléctrica y coros. Willie B. Planas: piano y órgano Hammond. Christian Chiloe: batería.

Recomendado por Juan J. Vicedo

(Reseña publicada originalmente en Dirty Rock Magazine)

Si no puedes ver el video, pincha el enlace https://www.youtube.com/watch?v=hRMh624wV4o