Eden

EVERYTHING BUT THE GIRL. 1984.


Al correr de los 80 los británicos recordaron que ser elegante no era patrimonio exclusivo de Brian Ferry. Y así, como la primavera sucede al invierno, un puñado de artistas ocuparon el lugar de todos aquellos gamberros que de diversas maneras habían copado la escena musical. Ya no más punkies vociferantes,ya no más bailes anfetamínicos. Se acabaron los Sex Pistols y las camisetas rotas, los Clash y sus proclamas, los Madness agitándose como si les hubiera dado un ataque o los Police saltando como canguros en el escenario. Llegaba la época de las canciones suaves y los movimientos lentos, de andar bien peinaditos -o al menos creerlo así- y con chalecos de universitario o ropas estilosas -también según gustos, claro-.

Las ondas -y los videoclips, ese invento de aquellos años- se inundan con gente sofisticada como Spandau Ballet, Sade, Aztec Camera, Style Council o Simple Minds. Es un mundo apacible en el que lo mismo te da tomarte una pinta que un café con leche mientras oyes esa música, y allí aparecen estos chicos de Hull que se hacen llamar Everything but the Girl.

En realidad son un dúo, Tracey Thorn y Ben Watt, y dan la impresión de haberse dado un baño de jazz y soul aterciopelado para alumbrar su primer disco, "Eden", una joya que inicia su carrera desde lo más alto, acompañados de una discreta sección de viento, y unas percusiones suaves, tan suaves como las voces de ambos, esa maravillosa voz grave de ella que parece prolongarse en la de él (canta dos temas -"Tender blue" y "Soft touch").

La carrera de Everything but the girl se prolongó quince años más, y a cada paso bajaron un escalón, entregándose lo mismo a pergeñar insulsas versiones de temas de Paul Simon o Rod Stewart  que, en el otro extremo, a llegar al top ten con una cancioncilla tan irritante como fue "Missing".

Pero si merecen ser recordados para siempre será por su debut, un disco para escuchar de principio a fin, y de fin a principio, porque cuando Ben Watt desgrana los versos de "Soft touch" uno a uno y la música acaba te deja tal sensación de soledad que necesitas oírlo de nuevo.

Recomendado por Juan J. Vicedo




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